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Milagros Tolón vuelve a Vega Baja, en el primer minuto de legislatura
CT / Toledo - 17/6/2015

La ex concejal de turismo ya no recuerda que Vega Baja ha puesto en el mapa a Toledo y retoma las palabras de desprecio de antaño con las que su grupo calificaba al mayor tesoro de la ciudad de Toledo

Entre un mar de risas, cuando se le preguntó por la tirolina, Milagros Tolón fue categórica, "hay problemas mucho más graves para solucionar en Toledo". Recalificar suelo para futuras industrias, a cuenta de un POM nulo, es su prioridad absoluta.

Y de nuevo se refirió a Vega Baja para calificarla de "erial" que hay que integrar en la ciudad, eso si preservando los restos arqueológicos. Nuevamente el Ayuntamiento pierde la sensibilidad y el norte económico en lo patrimonial, al no referirse a Vega Baja como oportunidad y nicho de riqueza, entrando exactamente en la misma dinámica que Emiliano García-Page o Dolores de Cospedal, con respecto a unos valores que son indiscutibles en el mundo moderno, como son el patrimonio, el paisaje y la sostenibilidad natural.

Según el diccionario de la Real Academia Española, "erial" viene de "ería", un terreno de gran extensión con la mayor parte "labrantío", o sea que se refiere a un campo o tierra de labor y cuando se pronuncia con desprecio, se refiere a una tierra desperdiciada "Sin cultivar ni labrar".

Ya hemos escuchado varias veces en la última década en las Casas Consistoriales el término "erial", al igual que en las Cortes de Castilla la Mancha se pronunció aquella famosa frase de "cuatro piedras y algunas en fila" para referirse a Vega Baja. Si hacemos historia, en la Vega Baja poco se ha cultivado y mucho menos desde que en tiempos de Franco estas tierras se declararan monumento (1940), se protegieran para no tocar por decreto (1965), con las Instrucciones de Bellas Artes y más tarde los toledanos decidieran promover su declaración como Patrimonio Mundial ante la UNESCO.

Ya sabemos que la recepción de competencias culturales en la Junta de Comunidades significó el punto de partida de una larga colección de atentados en Vega Baja, pero el mayor quizás se hizo de manera consciente por Emiliano García-Page, cuando en marzo de 1998 y como consejero de Obras Públicas, pretendió recalificar lo imposible en aras de algunos negocios de su superior directo.

También podríamos enumerar las veces que de una forma premeditada se permitió a particulares expoliar los bienes de todos, 1991 en la Iglesia de San Ildefonso, más tarde ampliación del colegio, permiso a la Venta de Aires para solidificar restos arqueológicos y crear servidumbres sobre espacios propiedad del Ministerio de Cultura, obras de Fremap en 2001 con permiso y sin control de la consejería correspondiente y un sinfín de proyectos largos de enumerar, que terminaban en un Corte Inglés y una urbanización de lujo sobre el Circo Romano.

No vamos a entrar en la estafa de Vega Baja (60 millones de euros) cuyas sentencias ocultaron conjuntamente PSOE e IU de mutuo acuerdo, ni en los PAU's ilegales aprobados por Emiliano García-Page como alcalde, para beneficio familiar de Bono y sin someter a UNESCO, como le pidieron desde la Junta al no haberse sometido el POM completo, tal como un tratado internacional con rango de ley exigía. No vamos a entrar tampoco en la ilegal (según sentencia) creación de la empresa público-privada Toletum Visigodo y todas sus obras, por tanto irregulares, incluida la adjudicación a FCC de los trabajos de urbanización por 20 millones de euros, a pesar de que una sentencia judicial negaba dicha posibilidad

La estafa de Vega Baja no tuvo perjudicados, de hecho ningún propietario denunció al Ayuntamiento estando en su derecho, quizás sabiendo que quien compra un yacimiento arqueológico tiene que "comérselo" y está obligado a ponerlo en disposición del Estado. En este caso hay que reconocer a José María Barreda el buen talante de compensar, sin tener ninguna obligación, a los compradores de un fragmento de yacimiento de primer orden con una parcela en la zona más cotizada a futuro y propiedad del gobierno regional. Además los constructores podían edificar más alturas con lo que incrementarían sus beneficios. Si estos propietarios hubieran denunciado al Ayuntamiento de Toledo el agujero económico podría durar siglos, pues las indemnizaciones no serían sólo por la estafa y daño emergente, sino por el lucro cesante que principalmente se basaba en los locales comerciales en un entorno de centro comercial de prestigio, tal como se les aseguró.

Triste es, que quien ha sido concejala de turismo no sepa los miles de turistas que llegan a Toledo preguntando por su pasado visigodo y que las informadoras con cara de vergüenza tengan que referirles a Guadamur, para que no pierdan la visita.

Y más que triste es lamentable, que como concejala de turismo trabajara para alguien que aseveró que iba a quitarle a Toledo la "dependencia del turismo", cuando en la mayor crisis que España ha conocido, Toledo ha sido el monumento más visitado del país, demostrando primero que el patrimonio es la principal industria de esta ciudad milenaria y segundo que Toledo es la capital del turismo cultural que entra en la Península Ibérica, con y sin Greco, e incluso sin gobierno que invierta o pueda apostar por esta inagotable industria.

Si hablamos de eriales también deberíamos hablar de "aparcaderos" sin control y sin legalidad presunta ni aparente, algunos realizados con convenios secretos que quizás los toledanos deberían conocer con constructores y suponemos a cuenta de futuros atentados patrimoniales.

No nos vamos a erigir en asesores en eriales industriales y en cloacas infectas, también por los vertidos que se hacen al Tajo desde Toledo, pues para eso suponemos que la señora alcaldesa ha elegido personal cualificado, que será costeado por los toledanos para tal fin.

 



Vega Baja vuelve a convertirse en "el erial" para la nueva alcaldesa, a falta de otros asuntos urbanísticos.




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